Nuestra vuelta a Ventimiglia

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Simona Guarini traduzco algunos fragmentos de nuestro reportage.

Lo que ha cambiado

Nuestro viaje vuelve a empezar en el lugar donde acabó la experiencia anterior: el “Bar Hobbit”, situado cerca de la estación de trenes de Ventimiglia, y gestionado por Delia Buonuomo, mejor conocida como la “mami” de los inmigrantes.  Los ciudadanos han aislado al bar desde que se enteraron que la dueña ayudaba a quien llegaba al pueblo tratando de mejorar su suerte, cargando sus teléfonos y preparandoles comidas muy baratas.

Comparado al verano pasado, la situación ha cambiado:

  • de ser el centro principal para voluntarios e inmigrantes, el Bar Hobbit ha pasado a ser una estructura secundaria respecto a asociaciones locales dedicadas al voluntariado.
  • así como el bar Hobbit, también la iglesia “Chiesa della Natività” de Don Rito ha perdido su papel central: hasta hace poco era un sitio fundamental para la gestion de los inmigrantes, pero después de una reunión que tuvo lugar el agosto pasado en el ayuntamiento de Imperia, se decidió que la iglesia ya no podía ser un lugar de acogida para los inmigrantes

Para visitar el nuevo centro de las actividades de acogida e integración, seguimos la vía Tenda, calle que corre en paralelo al “Ponte delle Gianchette”.  Allí se halla “Eufemia”, info y legal-point gestionado por algunas asociaciones de voluntariado.

LO QUE NO HA CAMBIADO

El barrio “Gianchette” nos permite ver a través de nuestros ojos, lo que no ha cambiado: la intolerancia de una parte de la población local.  Nos lo muestra una mujer que, llegando al info-point, pregunta a un voluntario “¿Por qué no les decís a esos chicos que vayan al Campo Roja?”. Luego, enfadada, sigue con su riña: “A ellos les dan tres comidas al día y yo, en cambio, algunas veces no puedo hacerlas porque tengo que pagar los impuestos. Decídles a los del gobierno que vengan a vivir a la via Tenda!”

EUFEMIA – LEGAL POINT

El día en el Eufemia empieza a las 10.30, cuando los voluntarios abren el info point. A partir de este momento, hasta las 18:30, un flujo constante de gente entra en él.

En cuanto entramos, vemos a algunos inmigrantes que dejan sus móviles, elementos fundamentales para quien cruza el mundo, para que se los carguen. En cambio, otros reservan una plaza para utilizar los ordenadores y conectarse a Internet: hay quien llama a su familia, quien planea la próxima etapa de su viaje, u otros que prefieren mirar algunos videos divertidos en el Internet, tal y como hacemos nosotros.

Cada día encontramos nuevas personas que buscan palabras de consuelo, o bien jabón, tampones, maquinillas eléctricas o ropa para calentarse.

Pero a veces, por la mañana, no nos dejan entrar al ‘’Eufemia’’. Los martes y los jueves tiene lugar ‘’El día de las mujeres’’ y los hombres no pueden acceder al info-point. Las inmigrantes pueden entonces relacionarse de forma más cordial. A pesar de las dificultades lingüisticas, se intenta hablar con todos para conocer posibles abusos o violaciones.

Muy a menudo por las mañanas los hombres del grupo hacen un control por el territorio: controlan que en las zonas de ‘’Stazione’’, ‘’Frontiera Alta y Frontiera Bassa’’ no se produzcan agresiones a los migrantes por parte de los policias.

Una mañana nos traslamos en coche a la ‘’Frontiera Alta’’, donde los migrantes irregulares o sin documentos son obligados a subirse a un autobús por parte de la Gendarmería (muchas veces son menores, violando así las leyes internacionales). La única destinación tras ello es Taranto.

Por la tarde, después de los controles, volvemos al info point. Allí encontramos a Alessandra, que nos pide que bajemos la voz por que está entrevistando a un joven inmigrante. En esos momentos se intenta explicar cómo funciona el sistema de acogida en Italia. La asistencia legal es fundamental para muchos chicos que no entienden por qué los rechazan o los mandan a Taranto. El objetivo de la asistencia es “intentar garantizar la tranquilidad en las entrevistas (en caso de solicitud de asilo), muy a menudo difíciles” y “dar una idea de continuidad y no de precariedad”.

GIANCHETTE

Para no molestar, decidimos salir y nos dirigimos bajo el Ponte delle Gianchette. En los últimos años, muchos inmigrantes, muchas veces indocumentados, se han establecido cerca del río.  El objetivo común a todas las personas establecidas en el campamento es pasar la frontera lo mas pronto posible para llegar a otros Paises de Europa (Francia, Inglaterra, Alemania, Noruega) y reencontrase con familiares y amigos.

Cada día aparecen nuevas carpas y construcciones para guarecerse del frío y del hielo. El campamento está dividido en ”barrios étnicos”: la distribución de las carpas está determinada por la nacionalidad de los inmigrantes. Al entrar en los aparcamientos de Via Tenda, a la derecha están mayormente eritreos, etíopes y sudaneses, mientras que el corredor central está ocupado por afganos. A la izquierda, en cambio, casi dentro del río Roja, están los nigerianos, los cuales suelen tender a separarse más que las demás etnias. “Muy a menudo son ellos los que controlan el tráfico de droga y de prostitución, obligando a las mujeres a vender su propio cuerpo”, nos dice una de las voluntarias.

La situación es muy difícil y eso juega a favor de los “passeurs” infiltrados, que pueden así lucrarse muy fácilmente de la desesperación de los inmigrantes, sobre todo de los que tienen una etnia distinta a la suya. Las noticias de falta de solidaridad entre las diferentes etnía son muy frecuentes: es muy raro que se ayuden para recoger leña y también tuvieron lugar varios episodios de reyertas y robos de móviles.

El estado higiénico-sanitario es preocupante: faltan servicios y duchas. La sarna se está difundiendo de manera muy alarmante y los medicamentos para curarla son muy pocos con recpecto al número de personas que los necesitan. Desde hace muy poco, algunos días a la semana, algunos médicos voluntarios van debajo del puente con una glorieta para visitar a quien lo necesite, pero, de todas formas, eso no es suficiente.

En el fondo del puente se encuentra Federica, quien distribuye ropa de abrigo y guantes para que los chicos tengan lo más limpio posible el lecho del río. Desafortunadamente, no todos los inmigrantes colaboran, así que también por esta razón es muy difícil tener un nivel higiénico que sea sustentable.

Siguiendo adelante, encontramos a Nina y Faruk en silencio. Ellos son dos voluntarios de Eufemia que han organizado un curso básico de francés y enseñan a los migrantes, utilizando una pizarrita fijada en un pilar del puente, así los chicos con más dificultades puedan aprendere algunas oraciones básicas para desarrollar conversaciones con los demás.

En cuanto escuchamos a los chicos repitiendo las oraciones en francés, una pelota nos roza los pies. Llega desde el campo de fútbol que ha sido improvisado en uno de los aparcamientos cerca del puente. Ahí, cuando es posible, los chicos se desafían en partidos de 10 minutos de cinco contra cinco al rey de la pista. Probablemente eso es uno de los muy pocos momentos en los que los chicos pueden despreocuparse y seguir sintiéndose niños. El 18 de abril, el campamento informal fue desalojado a causa de una ordenanza firmada por el alcalde Ioculano, de acuerdo con la prefectura.

TESTIMONIOS

Mahmoud e “Paso de la muerte”

Es durante uno de los partidos que encontramos a Mahmoud, huído de Darfur (región occidental de Sudán). Mahmoud es uno de los pocos migrantes que nos cuenta de su paso por Libia. Otros prefieren esquivar, encogiéndose de hombros como señal de rendición.

“Libia es peor que el infierno”. Casi cualquier civil tiene un arma de fuego y el riesgo de que te disparen es muy alto. Los refugiados están encerrados con llave en la cárcel y violados de manera inhumana. Las torturas están grabadas y los vídeos son enviados a las familias para obligarlas a pagar un rescate. Logré huir la tercera vez que lo intenté. En cuanto desembarqué, puse al corriente a mi familia de que había tenido éxito y ellos lo celebraron realizando el karama, una tradición de Sudán, en la cual se mata un cordero y se dona el dinero a otras familias de la aldea para agradecérselo a Allah”. A lo largo de lo primeros 27 días en Ventimiglia, Mahmoud intentó llegar a Francia ocho veces, ya fuese por medio de trenes, calles asfaltadas e intentando también el “Passo della morte”.

El “Passo della morte” es un camino presente en los mapas, y une Grimaldi (la aldea de Ventimiglia más cercana a Francia, a casi seis km del centro del pueblo) y Mentone (primer pueblo que se encuentra al cruzar los Alpes).

Al llegar a la barrera de alambre que indica la frontera, muchos migrantes giran a la izquierda, atraídos por el paseo marítimo. En realidad, para llegar a Mentone, hace falta ir a la derecha, tierra adentro. Al equivocarse, el riesgo de despeñarse es muy alto, y tenemos constancia de que se han producido algunos casos.  Muchos migrantes se cambian de ropa durante el camino, poniéndose lo más elegante que tienen, para así “camuflarse” al llegar a Mentone.

Se deshacen también de los documentos personales y de cualquier prueba que pueda ser una evidencia de su tránsito por Italia durante la expedición, encontramos gracias a una interrogación a un solicitante de asilo político que vio rechazado el reconocimiento de su estatus como protegido internacional.

Hamza e Campo Roja

Hamza es un chico tunecino de 17 años, llegado a Italia en enero 2018 con un amigo suyo. “Salimos directamente de Túnez, el buque nos tiró a todos a 100 metros de la costa sin excepciones, incluyendo a niños y mujeres. Para llegar a la costa tuvimos que nadar, probablemente hubo gente que no llegó a tierra.

El primer día, ocho horas de camino de Siculiana a Agrigento. Hamza entiende enseguida que ha de desplazarse a otro lugar para solicitar sus documentos. Obligado a abandonar a su amigo y sin dinero para continuar su viaje, Hamza sale en dirección a Roma, y después a Pisa, Milán y Turín. Después de dos semanas, llega a Ventimiglia y, como le habían aconsejado, se dirige hacia el Campo Roja, donde lo identifican y decide empezar su solicitud de hospedaje. Hamza querría obtener sus documentos, buscar un trabajo que le permita ahorrar dinero y volver a Túnez. “No quiero quedarme aquí por toda mi vida. Además, he prohibido a mi hermano venir aquí siguiendo mi recorrido”.

En lo que al Campo Roja respecta, Hamza se lamenta de que su habitación fuera demasiado pequeña para él y sus cinco compañeros afganos y de que no podía ducharse a causa de dificultad de uso de los servicios. Algunos días antes, el alcalde de Ioculano había sido entrevistado y había declarado que, contrariamente a lo que afirmaba Hamza, la condición higiénico-sanitaria era de muy buen nivel, también porque “el campamento es uno de los más controlados y visitados”.

Mosab

Mientras leemos, pensamos en este mapa dibujado por Mosab, un chico eritreo que conocimos en el point, para describr el recorrido de su compatriota Abrahm. Se emprende el viaje desde Asmara – capital eritrea – con dirección a Shire, en el norte de Etiopia: para llegar, hace falta andar dos días y pagar 30.000 nacfa (2000 dólares). De Shire se sigue hacia Khartoum, capital de Sudán, centro fundamental de los flujos migratorios centroafricanos: se sale en taxi, guiados por algunos traficantes sudaneses y pagando 1800 dólares. El viaje sigue en dirección Bani Walid, uno de los principales puertos en el norte de Libia: la tarifa impuesta es de 1700 dólares. Cruzar el Mediterráneo es la parte final del viaje, y también la más cara: para llegar a Sicilia, los pateristas pidieron a Abrahm 5500 dólares, ascendiendo así a un total de 11.000 dólares.

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